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El más famoso flying winemaker volvió al país para supervisar sus proyectos y tuvo una profunda charla con Los Andes en la que habló de todo: la cosecha 2021, las inversiones, el mercado mundial y el futuro del vino argentino.

Después de un año completo en el que suspendió sus visitas al país por la pandemia de coronavirus, Michel Rolland (73) volvió a Argentina para supervisar los proyectos propios y ajenos que asesora en Mendoza y Salta y empezó a definir cómo serán los vinos de la añada 2021.

Con más de 30 años visitando el país y a casi 20 de su inversión con Clos de los Siete, el flying winemaker más influyente del mundo volvió así a recuperar el contacto directo con los viñedos y las bodegas que tanto había extrañado durante 2020.

Luego de diez días en el país, Michel se tomó unos minutos antes de tomar su avión de regreso a Francia para Charlar con el Diario Los Andes acerca de todo: sus vinos, la cosecha, sus negocios en Argentina, el futuro de la vitivinicultura nacional y más.

– ¿Cómo ha sido venir al país en medio de la pandemia?

– Lo primero es entrar, no cuesta mucho pero requiere preparar muchas cosas administrativas para estar seguros. Eso no es tan complicado. Dentro del país no hemos tenido problemas, dentro del país hemos tomado aviones con facilidad. Una vez ya en Mendoza no tuve problemas, cuando estoy ahí me la paso más que todo en Clos de los Siete, entonces no veo a nadie más que los enólogos de las bodegas con quienes probamos los vinos y preparamos el futuro de nuestra bodega y las otras que aportan el vino y hacen los suyos propios donde estoy involucrado.

El viaje que hago en julio es de descubrimiento de la nueva cosecha, donde hacemos una cata con los vinos jóvenes para estar en contacto y para preparar lo que viene. En el mes de noviembre sí es un poco más importante porque hacemos la selección de los tipos de vinos de alta gama y media gama de la bodega.

 ¿Con qué calidad se encontró en esta cosecha?

– En 2021 Argentina ha tenido una suerte fenomenal, más que todo Mendoza. Hemos hecho 2017, 2018, 2019, 2020 y ahora 2021 con muy buen nivel. Por supuesto hay diferencias entre ellas: 2017 estaba muy bueno pero no había producción; la ’18 puede ser la mejor cosecha histórica del país, es la mejor que encontré; las ’19 y ’20 salieron muy bien también; esta cosecha ha estado marcada por la lluvia, por lo que el vino puede no tener la potencia del 2018, pero es un vino muy agradable, elegante, fino, fresco y, por fin, correspondiente a lo que periodistas gustan, con alcoholes más bajos.

Es una cosecha que está en camino a la historia y con vinos realmente muy buenos, con elegancia y finura como no habíamos hecho desde hace muchos años. Puedo decir que son vinos realmente buenos y con un estilo diferente.

– Resaltaba la cosecha 2018, ¿esa es la que sale al mercado con Clos de los Siete?

– Sí, estamos saliendo al mercado con esa. Un poco bromeando le decía a la gente que no tenía acostumbrarse a la 2017 porque es demasiado buena. Tenía una densidad, una concentración que estaba un poco por encima del nivel normal. En cambio, 2018 es el vino perfecto para Clos con frescura, elegancia y también poder. Ya hice el vino de la 2019 y el de la 2020 ya está casi terminado y van a salir cosas realmente buenas.

– Muchas veces ha dicho que cuando llegó al país los vinos de Argentina no eran del todo de su agrado, ¿ha podido cambiar eso?

– La cosa no es totalmente así -risas-. La historia es que Arnaldo Etchart me pidió que vaya a Cafayate porque cerca del 1985 él quería exportar vino argentino, algo muy visionario porque todavía no se exportaba. Él me pidió hacer un vino de gusto internacional que se pudiera exportar.

Nos pusimos a trabajar en Cabernet Sauvignon, porque en esa época se creía más en ese varietal, y también el Malbec. Después de uno o dos años le dije que no había que trabajar demasiado Cabernet Sauvignon y que la variedad de Argentina era definitivamente el Malbec. Entonces empezamos a cambiar un poco la idea y empezamos a hacer más vino con Malbec, a plantar más y a salvar los viejos viñedos con este varietal. De ahí nació el crecimiento de Argentina en los ’90 y principios de los 2000, donde comenzaron a exportar grandes bodegas.

Hoy Argentina es un gran exportador, pero no tiene el gusto de Michel Rolland, tiene el gusto internacional para poder exportar -risas-. Es verdad que tengo preferencia por el gusto internacional, porque soy francés.

– Si tiene que elegir un vino para disfrutar de su cava personal, ¿elegiría uno argentino?

– Yo soy el enólogo más open mind del mundo, porque he hecho vinos en 22 países del mundo. Tengo el portafolio más importante que cualquier otro enólogo, entonces puedo tomar todos los vinos cuando son buenos. Yo tomo vino argentino bastante seguido porque además he puesto plata como inversor. Puedo tomar vino francés, italiano, argentino o norteamericano sin ningún problema.

– Respecto a su perfil inversor, ¿hoy en día se podría llevar adelante un modelo como el que desarrolló hace 20 años?

– No hay país fácil para invertir. Hay que reconocer que Argentina no facilita la cosa, porque hay una administración fuerte, un poco pesada, que castiga a los inversores. Eso se podría mejorar y yo lo digo desde el principio, ese no es el mejor camino para que los inversores lleguen masivamente al país, pero los gobiernos que han pasado no me han escuchado.

El problema que más asusta a los inversores es la inflación, porque la administración está complicada en todo los países, pero la gente no entiende de inflación. Cuando se ve un peso que cambia de valor de un día al otro de manera tan fuerte, la gente piensa que no se puede hacer negocio con eso.

Otra cosa que puede frenar la llegada de inversores es que una empresa que viene al país generalmente tiene otras inversiones en el mundo y está la posibilidad de comunicar la plata que se pierde y se gana de una empresa a la otra. Eso hoy no se puede hacer en Argentina porque no podés sacar la plata que generás y si se pierde hay que hacer un blanqueo de capital.

Hay varias cosas que no ayuda, hoy en día no se si los inversores estarían dispuestos a venir. Y si el Gobierno los necesita, debería un poco en qué podría hacerlo más sencillo. Nosotros vamos a seguir porque no podemos llevar 850 hectáreas a otro lugar.

Michel Rolland creador de los vinos Clos de los Siete. Vinos de alta gama. Bodegas y etiquetas de vinos de Argentina Vinos.

– A nivel empresarial, ¿Cómo es la situación de Clos de los Siete?

– Está andando muy bien, hacemos más o menos un millón de botellas. Es una marca que se desarrolló bastante rápido. En 15 años hemos hecho una marca que en Estados Unidos o Europa es conocida, eso es algo realmente interesante. Las propiedades que la integran funcionan muy bien, los vinos se venden bien en el mercado americano o el europeo, no tanto en el asiático porque es más complicado. Por ejemplo, Chile no tiene tasas para la exportación en China, Corea o Japón, mientras que nosotros tenemos tasas en todos los mercados.

– Después de un 2020 donde el consumo mundial de vinos cayó un 3%, aunque no fue igual en todos los países, ¿cómo ve el negocio para este 2021?

– La pandemia ha hecho las cosas diferentes. La caída cercana al 3% en todo el mundo es nada. El sector más castigado ha sido el sector de entry level, no en los vinos de buen nivel. Todos los vinos que producimos en Argentina o en Francia han crecido bastante en el mercado durante la pandemia, pero los vinos de baja gama se vendieron muy mal porque la gente elegía vino de vinoteca o comprando en forma directa. Se dieron cuenta que cuando van a un restaurante pagan tres veces más el precio de una botella y por la misma cantidad de plata podían tomar tres botellas en lugar de una.

Creo que para el futuro la gente tiene información sobre la manera de comprar y consumir el vino y creo que va a traer cosas interesantes para las empresas que están haciendo un trabajo lindo.

– La industria ha insistido en el último tiempo en la diversificación, ¿tiene Argentina posibilidades de ganar terreno en algo más que el Malbec?

– Argentina no tiene la menor chance de hacerse famosa más allá del Malbec. Puede hacer Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Bonarda o lo que quiera, pero la fama de Argentina es sin dudas por el Malbec, porque no existe en otro país, salvo una producción muy chica en Francia. El Cabernet Sauvignon lo hace bien, pero atrás de Francia, Estados Unidos y Chile, nunca va a ser primero. Lo mismo que en el Merlot, va a estar atrás de Francia e Italia.

Esto es como si un atleta en los Juegos Olímpicos que corre 200 metros y los gana siempre quisiera cambiarse a los 1.000 metros, donde ahí nunca va a salir primero. Eso me hace acordar a Argentina, quiere ir a un lugar donde nunca va a salir primero. Puede hacer buen vino y venderlo, pero no va a poder competir. El único lugar donde va a salir primero es el Malbec, ¿por qué buscar otra cosa? Si quiere hacer otra cosa, lo puede hacer, incluso yo hago otras cosas, pero el vino emblema de mi bodega es el Malbec, no otro.

– ¿Qué opina de las tendencias como los vinos orgánicos, de baja graduación alcohólica o nuevos envases?

– Tengo una filosofía muy tranquila con eso: si nada molesta al vino, no me molesta mientras se pueda tomar y sea bueno. Lo orgánico es una forma de vivir y tiene un futuro. No se si de esta manera u otra más, pero vamos a buscar nuevas formas de producir en toda la agricultura. Mi vino Val de Flores es orgánicos, pero no lo pongo sobre la botella. Pienso que hay tantas personas que engañan poniendo orgánico cuando no es la verdad, que no lo he puesto aunque esté certificado. Es algo del marketing, pero no tengo nada en contra de eso. Pienso que podría ser el futuro, si no castiga al vino.

Se puede hacer un vino de baja graduación alcohólica también, pero no cualquier porquería.

– Cuando llegó proyectó cuál era el vino que tenía que hacer el país, pensando en los próximos Diez años, ¿cómo se imagina que serán los vinos de Argentina?

– Diez años es mañana -risas-. No sé si todo va a caminar, pero para mí el vino es una cultura, ha sido siempre parte de mi vida, y no pienso que haya 50 formas de hacer buenos vinos, no hay mucho para inventar.

Se puede dar, pero de todos los vinos que estoy probando y de lo que veo en el mercado, he visto vinos perdiendo alma, carácter y personalidad para satisfacer a algunos periodistas que no tienen gusto e ideas un poquito locas en cuanto a la finura o el grado alcohólico bajo. Eso castiga al vino y me castiga un poco también.

Podemos decir que se puede mejorar mucho todavía. Hay cosas que hacer en la viña y en la bodega para cada vez hacer vinos con más finura y elegancia, pero guardando el carácter.

Fuente Diario Los Andes